Desnúdame uno por uno los veinte dedos y relame mis labios que te dan esos dulces besos. Deja que mi risa inunde la habitación, y deja que me broten las sonrisas más rojas que conozca. Ayúdame a levantarme porque todavía puedo quererte más. Agárrame por la casa y deja que mi cuerpo se amolde a cada esquina de tu cuerpo. Cómeme entera. No tengas compasión, y déjame un buen rato recorriendo tu suave piel.
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