viernes, 10 de septiembre de 2010

Tu carta:

Puedo sentir y morir al hacerlo. Puedo esperar y transformarme en un impaciente extraño, que no sabe procesar bien el por qué de estar lejos. Puedo escribir y decir que estoy algo mejor y puedo negarlo para poder luchar por eso. Puedo amanecer preocupado y preguntar que me pasa, puedo pasar la tarde intentando averiguar el por qué, y al llegar la noche intentar no pensar y volver a esperar. Puedo hacer todo, pero nada logrará quitar algo: la distancia, evitar estar lejos de vos, sin saber como estás, y a donde vas.
Todos los días era una costumbre que hablemos, que nos contemos mil historias rodeadas de la comprensión, pero ese día - aunque pudo ser cualquier otro día pero fue ese- todo cambió.
Amanecía aquel jueves, y como cada noche esperaba una señal para poder llamarte, y fue así, hablamos, felices y todo era más que común, nada parecía indicar lo que pronto comenzaría a sentir, estar tan separado y no poder vivir la vida de la misma forma. Ese jueves terminó bien, y pronto pensamos en volver a vernos el fin de semana que comenzaría; pero al día siguiente, ese viernes seco de amor y sin vos, hizo que te extrañe, de una forma que nadie pueda explicar, ni con los mejores términos del mundo. Sentí desvanecer mis sentimientos, aunque solo había pasado un día sin verte, fue extraño no poder hablarte. Pensé que era solo un día. Me otorgué la calma. Luego me daría cuenta que no duraría solo ese viernes la distancia, sino, ese sábado, domingo, lunes, martes.. en fin, no solo días, semanas también. Empecé a preocuparme, si bien solías desaparecerte, me preocupé porque algo extraño había. ¿Que nos pasaba? ¿Otra vez la distancia entre nosotros? Ya estuvimos separados mucho tiempo, antes de conocernos, antes de empezar una historia. ¿Por que ahora otra vez?

La soledad se incorporaba en mis días, no podía hacer más que escribir, pensar y sentir como los días pasaban y no estabas conmigo. Todas las formas que tenia para ubicarte las usé, y aun así, no aparecías. Una mezcla de preocupación, incertidumbre y tristeza.
El paso del tiempo me hizo aceptar algunas cosas, y otras sacar de la mente, pero aun así me acordaba día a día de todo lo que había pasado, y yo en el medio sin poder hacer nada. Llego el momento en que la distancia llego al fin y pudimos hablar. Fue todo muy extraño, algo así como sentir en vida una pesadilla; esos momentos en que solo el tiempo puede curar; ya no sentías lo mismo, y yo, sin saber por qué me preguntaba ¿Que hacer con todas las promesas, de un para siempre, de un sueño de cristal en el que me vi transitar y de manera tan rara se acabó? Guardé una esperanza y esperé. La distancia se hizo renacer, y yo era quien debía resolver por mi mismo el no pensar, en combatir con los recuerdos que día a día se aparecían en sueños oscuros, que no llevaban el nombre de sueños, en fin: pesadillas. Despertar y saber que no te tenía más.

Hoy ya se que nada puede cambiar las cosas, que puedo entenderte porque aprendí a adorarte, que puedo seguir escribiéndote las canciones que mi corazón te quiera regalar, que puedo pensarte y no dejar de hacerlo pese a cualquier cambio de mi vida. Pero hay algo a lo que nunca voy a poder vencer: la distancia. Espero que tus días sean los mejores, mi corazón te sigue guardando un lugar en mi vida, pese a cualquier distancia que desee separarnos, y pese a cualquier sentimiento que tu corazón sienta que no es el mismo. Te amo.

Martes, 13 de octubre 09.

No hay comentarios:

Publicar un comentario